El niño que escribía cartas a su mamá en el hospital
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Un niño de 8 años llegaba cada tarde a la recepción del hospital.
Pedía lo mismo: "¿Puedo dejar una carta para mi mamá?"
La recepcionista tomaba el sobre. El niño se iba.
Esto pasó durante 52 días seguidos.
Siempre a las 4pm. Siempre una carta. Siempre el mismo niño.
La recepcionista, Laura, empezó a notarlo después de la segunda semana.
"¿Por qué no subes a ver a tu mamá directamente?"
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El niño bajó la mirada. "No me dejan. Dicen que soy muy pequeño para entrar a cuidados intensivos."
"¿Y tu papá? ¿Él puede subir las cartas?"
"No tengo papá. Mi abuela me cuida. Pero ella trabaja hasta las 7pm. No puede traerme."
"¿Cómo llegas hasta aquí entonces?"
"Camino. Son 40 minutos desde mi casa. Pero no importa. Mi mamá tiene que saber que la quiero."
Laura sintió algo romperse en su pecho.
Ese día, curiosa, abrió uno de los sobres que el niño había dejado.
Adentro había un dibujo. Coloreado con crayones. Y una carta escrita con letra temblorosa:
"Querida mami: Hoy en la escuela saqué 10 en matemáticas. La maestra dijo que estoy mejorando. Te extraño mucho. Por favor mejórate pronto. Te amo. - Tomás"
Laura lloró.
Subió al piso de cuidados intensivos. Preguntó por la mamá de Tomás.
Habitación 407. María González. 35 años. Cáncer avanzado.
Laura tocó la puerta. Entró.
"Señora González, soy Laura de recepción. Su hijo viene cada día a dejar cartas para usted. ¿Las ha recibido?"
María la miró confundida. "¿Cartas? ¿Qué cartas?"
Laura sintió que algo estaba terriblemente mal.
"Su hijo deja una carta cada tarde hace casi dos meses. 52 cartas. ¿Nunca le han llegado?"
"No. Nunca he recibido nada."
Laura investigó. Habló con enfermeras. Con el personal.
Nadie sabía de las cartas.
Descubrió que las cartas se quedaban en recepción. Se suponía que un voluntario las llevaba a los cuartos. Pero ese voluntario había renunciado hacía 8 semanas.
Las 52 cartas de Tomás nunca llegaron a su mamá.
Laura bajó a la bodega de objetos perdidos. Ahí estaban. En una caja. 52 sobres sin abrir.
Las subió todas. Se las entregó a María.
María abrió la primera carta. Empezó a llorar.
Luego la segunda. Y la tercera.
Leyó las 52 cartas seguidas. Sin detenerse. Llorando con cada una.
"Mi bebé... mi bebé ha estado escribiéndome todos los días y yo no sabía."
Laura vio las cartas. Cada una contaba el día de Tomás.
"Hoy perdí mi diente de adelante." "Hoy fue el cumpleaños de mi mejor amigo pero no fui porque vine a traerte tu carta." "Hoy llovió mucho y llegué mojado pero quería que supieras que te amo."
En la carta 52, la más reciente, Tomás había escrito:
"Mami, ya van 52 días. No sé si lees mis cartas. No sé si te hacen sentir mejor. Pero voy a seguir escribiendo hasta que salgas. Porque el amor no se cansa. La abuela me dijo eso. Te amo con todo mi corazón. - Tomás"
María pidió ver a su doctor ese mismo día.
"Doctor, necesito mejorar. Mi hijo me ha estado escribiendo 52 días. No puedo rendirme."
Algo cambió en María. Empezó a responder mejor al tratamiento. Comía más. Luchaba más.
Laura hizo algo sin permiso. Sabía que podía perder su trabajo.
Un día, cuando Tomás llegó con su carta, le dijo: "Hoy puedes subir. Solo por 10 minutos."
Tomás corrió escaleras arriba.
Entró a la habitación 407. Su mamá estaba sentada en la cama. Sonriendo.
Rodeada de 52 cartas pegadas en las paredes.
"¿Mamá?"
"Tomás, mi amor. Leí todas tus cartas. Todas."
Tomás corrió a abrazarla. Lloraron juntos durante los 10 minutos completos.
La historia llegó a oídos del director del hospital.
Laura pensó que la iban a despedir.
En lugar de eso, el director creó una nueva política:
"Protocolo Tomás" - Todas las cartas, dibujos y mensajes de familiares serán entregados el mismo día. Sin excepciones.
Contrató dos personas cuyo único trabajo es entregar correspondencia a pacientes.
Pero hizo algo más.
Cambió la política de visitas. Niños mayores de 7 años pueden visitar cuidados intensivos por 15 minutos diarios con supervisión.
María salió del hospital 4 meses después.
En remisión completa.
El doctor dijo: "Médicamente no puedo explicarlo. Pero algo en ella decidió pelear."
María sabe qué fue. 52 cartas de un niño que caminaba 40 minutos cada día bajo lluvia y sol.
Hoy, 2 años después, Tomás tiene 10 años. Su mamá está sana.
Todavía le escribe cartas. Pero ahora se las entrega en persona cada noche antes de dormir.
En el hospital, en la entrada de cuidados intensivos, hay un buzón.
Se llama "Buzón de Tomás - Tus palabras sanan."
Familias dejan cartas ahí cada día para sus seres queridos internados.
El personal las entrega en menos de 2 horas.
En el buzón hay una placa con las primeras líneas de la carta 52:
"El amor no se cansa."
Y abajo, una foto. Tomás entregando su primera carta a los 8 años.
Cada paciente que recibe una carta del Buzón de Tomás, recibe también una nota:
"Un niño de 8 años caminó 40 minutos cada día durante 52 días para demostrarle a su mamá que el amor no se rinde. Sus cartas llegaron tarde, pero llegaron justo a tiempo. Que esta carta te recuerde: alguien está peleando por ti del otro lado de estas paredes."
¿Cuántos días seguidos estarías dispuesto a caminar 40 minutos para demostrarle a alguien que no estás rindiéndote con ellos?


